Los tuneles de Cu-Chi, Vietnam-

El segundo día en Saigón, lo dedicamos a salir en una excursión programada para visitar los túneles de Cu Chi y la Santa Sede Cao Dai en Tay Ninh. Realmente los viajes organizados salen a muy buen precio, incluyen el guía, el autobús y la comida del día. Era una manera de despreocuparse de andar buscando los caminos y dejarse llevar a lo seguro. En un mini autobús salimos a hora temprana de la mañana, así observábamos el despertar de Saigón. El grupo estaba formado por unas diez personas y el guía daba las explicaciones en inglés y japonés.
El primer punto era Tay Ninh y la carretera 22 era la que nos llevaba. Pasamos por una gran extensión de arrozales y al llegar a Trang Bang el guía nos explicó que en éste lugar fue donde el fotógrafo Nick Ut captó una de las imágenes más espeluznantes de la guerra (que la pudimos ver en el Museo de la Guerra): la de la niña desnuda con la espalda en llamas que corre por la carretera huyendo de un ataque de napalm. La niña , Phan Thi Phuc, que se casó y vive en Canadá, fue nombrada en 1997 embajadora de la buena voluntad de la UNESCO. A pesar de las quemaduras de tercer grado que cubrían la mitad de su cuerpo, es una persona sin resentimientos, que ha llegado a afirmar que: "soy feliz porque vivo sin odio". Unos kilómetros más adelante llegamos a Long Hoa, el emplazamiento de la enigmática catedral caodaísta.-

Por lo que habíamos leído nos hacía mucha ilusión visitar la iglesia, además nos permitían presenciar un oficio (a las 12 horas). Lo interesante es por dentro, nos encontramos con una decoración totalmente surrealista (para mí de muy mal gusto). Colores fluorescentes y muy rococó. Una horterada cósmica multicolor y churrigueresca, de pésimo gusto que posee el interés de su propia personalidad . La ideología de ésta religión se refleja en su interior, mitad catedral, mitad pagoda bajo un techo abovedado pintado un cielo con estrellas; y los colores primarios como si se tratara de un templo hindú.. Hileras de pilares rosas entrelazados por dragones verdes. Las ventanas que dan al exterior tienen rejas que representan el Ojo Divino caodaísta, rodeadas por brillantes flores de loto rosas. En el altar está lleno de flores, frutas, pinturas y estatuas de cigüeñas.. La silla pontificia tiene los brazos tallados en forma de dragones y las demás con brazos de águila y otras con un león. Hay cuatro oficios diarios. 
La mayoría de los fieles viste ropajes blancos, pero pueden vestir de amarillo, azul o rojo, como símbolo de los elementos budistas, taoístas y confucionistas del caodaísmo. Los sacerdotes llevan unos gorros redondos, altos.
La ceremonia llegó a resultarnos un poco larga, la música la hacía una orquesta con sus instrumentos típicos y un grupo de mujeres no paraba de cantar- Una música que para nuestros oídos nos llega a molestar, parecía aquello que están afinando los instrumentos y uno vive pensando en cuándo será el momento en que empiecen a tocar.-
Nos volvimos a reunir y el guía nos llevó a comer a un lugar que ya estaba reservado. En el final nos invitaron a un "chupito" de licor de serpiente. Paco no se atrevió, pero en mí hubo algo que me dijo: " Es una costumbre guardar las serpientes enteras dentro de la botella donde se halla el licor, las hay de todos los tipos y colores. Además es un plato muy apreciado en Vietnam.
Otra vez en el autobús con dirección a los Túneles de Cu-Chi.- Estábamos a unos 60 kilómetros al norte de Saigón. Cu-Chi es un complejo de túneles de 300 kilómetros de longitud que en varios niveles se extiende en decenas de kilómetros cuadrados. Lo que comenzó como un refugio para los campesinos perseguidos por la represión de las tropas coloniales francesas primero y, tras su derrota, por las tropas sudvietnamitas y norteamericanas después, se transformó en una ciudad, base militar, vía de comunicaciones subterránea que llegaba hasta la frontera camboyana y donde se escondían las unidades guerrilleras del Vietcong que participaron en la histórica ofensiva del Tet en 1968, en el asalto a Saigón.

Tal vez, por el morbo que toda ésta historia provoca, los túneles es uno de los lugares más visitados y sostengo que vale la pena hacer ésta excursión organizada. La visita comenzó con una clase, en la cual un mural con un gran gráfico, una sección transversal de los túneles y un documental donde el sonido era bastante precario, nos hace situar en el contexto. Después nos encaminamos por un sendero entre la tupida selva para explorar los túneles. ahora o nunca" y cerré los ojos para meterme aquello dentro, un sabor amargo como el orujo gallego sin ser el mismo. Mi vida siguió de la misma manera..
Cuando los primeros tiranizados excavaron la tierra alrededor de Cu Chi, la región estaba cubierta por una plantación de caucho perteneciente a una compañía francesa de neumáticos (Michellín). El Vietminh anticolonial cavó los primeros túneles de la zona a finales de los años cuarenta, y estuvieron destinados en principio a almacenar armas, aunque no tardaron en convertirse en un valioso refugio para los propios combatientes de la resistencia. Una década después, los activistas del Vietcong, que controlaban ésta zona antigubernamental, la mayoría lugareños, siguieron el ejemplo y se ocultaron bajo tierra.
En 1965 unos 250 kilómetros de túneles entrecruzados en Cu Chi y en las zonas de los alrededores (la base de poder de la guerrilla conocida como el Triángulo de Hierro se encontraba al otro lado del río Saigón) posibilitaban que las celdas de las guerrillas del Vietcong se comunicaran e infiltraran en Saigón. Una sección pasa, audazmente, por debajo de la base del ejército estadounidense en Cu Chi.- Aunque la arcilla roja compacta de la región era ideal para la construcción de túneles, los equipos de excavación se tuvieron que enfrentar a innumerables problemas. A parte de encontrarse con serpientes y escorpiones mientras trabajaban con azadas y palancas, se encontraron con el problema de la roja tierra que llamaba la atención y que tuvieron que solventar o bien extendiéndola en cráteres formados por las bombas o esparciéndola en el río durante la noche. Con la construcción de un túnel, los techos tenían que apuntalarse con seguridad: con el bombardeo estadounidense hizo que la madera escaseara y tuvieron que recurrir a robar postes de las vallas de las bases enemigas. Los túneles podían llegar a tener unos 80 cm de ancho y 80 cm de alto, y a veces tenían cuatro niveles de profundidad. Las rejillas de ventilación (para dispersar el humo y los olores procedentes de los hornos subterráneos) se camuflaban bajo espesas capas de hierba y nidos de termitas.
Para despistar a los perros estadounidenses, esparcían pimienta alrededor de los respiraderos y a veces los miembros del Vietcong lavaban la ropa con el mismo jabón que utilizaban los soldados estadounidenses. La vida en el túnel: Dentro de éste complejo de túneles de varios niveles, había letrinas, pozos, salas de reunión y dormitorios. También se montaban hospitales rudimentarios bajo tierra. Las operaciones se llevaban a cabo a la luz de las linternas y con instrumentos construidos a partir de trozos de artillería.
La sangre de los pacientes se conservaban en botellas y la bombeaban utilizando un bomba de bicicleta y un trozo de manguera de goma. Tales provisiones se conseguían con sobornos a los soldados del ejército de Vietnam del Sur, en Saigón. Los médicos también administraban hierbas y practicaban la acupultura, y la miel era muy estimada por sus propiedades antisépticas. En las cocinas se cocinaba todo aquello que caía en las manos de los moradores de los túneles. Cuando las armas químicas y la artillería estadounidense destruyó los cultivos de arroz y fruta, el resultado se tradujo en una escasa dieta a base de tapioca, hojas y raíces, excepto cuando se reunían suficientes frangmentos de bomba y se transportaban hasta Saigón para venderlos como chatarra y comprar con ello algo de comida. Mantener la moral era un reto constante.
Los intentos estadounidenses de desalojar los túneles no tuvo éxito. Operando desde enormes bases erigidas alrededor de Saigón a mediados de los años sesenta, evacuaban a los habitantes de los pueblos en aldeas estratégicas y utilizaban defoliantes y excavadoras para privar a los integrantes de Vietcong de escondrijos, en operaciones que se arrasaba todo lo que se podía. Pero los túneles pocas veces quedaban destruídos. Los soldados lanzaban gas o granadas dentro de los túneles. Los que se especializaron en ésta tarea fueron llamados "ratas de túnel" . las trampas hechas con estacas de bambú afiladas les esperaban en la oscuridad, así como las bombas realizadas con latas de Coca.Cola y balas defectuosas que encontraban en la superficie. No obstante los túneles eran largos y estrechos; y las entradas tan pequeñas, que a veces los soldados no podían entrar, en el caso de que pudieran localizarlas.
Las condiciones de vida bajo tierra eran espantosas.. El olor de los túneles era tan nauseabundo, y algunas tardes la temperatura tan elevada que los vietnamitas se tenían que teneder en el suelo para conseguir oxígeno suficiente para poder respirar. La oscuridad era tan profunda que los ,oradores que pasaban mucho tiempo en los túneles padecían ceguera temporal al salir a la superficie. A veces era necesario permanecer bajo tierra tantas semanas seguidas, en lugares compartidos con murciélagos, ratas, serpientes, escorpiones, ciempiés y hormigas. Nos propusieron entrar en un par de ellos que se mantienen en su estado original. Uno a uno nos fuimos introduciendo con el guía que portaba una linterna. Estar allí dentro me hizo entender lo que aquello fue. Fueron solo cinco minutos cada vez, una sensación de enterramiento en vida, caminar en cuclillas tratando de que la cabeza no chocara con el techo, de vez en cuando se estrechaba a tal punto que solo se podía continuar arrastrándose, sabiendo que había una salida próxima, que el peligro de enemigos no existía y que nadie nos dispararía. Fue una breve vivencia intolerable y claustrofóbica acentuada con el calor reinante.
Paco decidió entrar en uno de ellos, el más corto, prefirió evitar los problemas de claustrofobia. En mi caso no me lo quería perder. Pensar que durante la guerra éstos túneles estaban minados, repletos de trampas que dejaban ensartado al soldado que perseguía a los guerrilleros. Un muestrario de esas artesanas trampas mortales, hechas con cañas de bambú, nos fueron enseñados y explicado su funcionamiento. Una vez más se demostraba la inteligencia de los guerrilleros para luchar con el poder de los americanos.
Una de éstas trampas consiste en excavar dentro de la tierra un pozo que contiene dos rodillos de madera que pueden girar libremente, cilindros que están llenos de unos agudos pinchos de acero de algo más de un palmo de longitud. Cuando cualquier infelíz americano caía en éste hoyo, lo hacía sobre éste artilugio que, con su peso, hacía girar los tambores clavándose en sus carnes repetidas veces. Al ser rodillos móviles, el hombre caía en el fondo y la trampa era válida para el distraído que le seguía. Le llaman "Chong treucquay". Hay otra que consiste en una sima profunda, el fondo de la cual está sembrada de hierros afilados que se clavan en el desdichado que cae en ella. La "Chonghom" tiene ocho pinchos en su boca con dirección inclinada hacia abajo y en el fondo del pozo una central hacia arriba.
Si cae alguien se clava en ésta central y al moverse para pedir auxilio entra en acción las ocho restantes que están en la boca del pozo. El efecto válbula, permite entrar pero no salir Cu-Chi Recordamos los tantos films sobre ésta guerra y los síndromes postbélicos de los veteranos norteamericanos. Los soldados americanos rotaban sus períodos de frente de guerra de manera que se hallaban más tiempo en retaguardia que en el frente de fuego. En caso de ser heridos eran evacuados (en minutos) a los mejores hospitales militares. Bien comidos, bebidos y dormidos. Sin olvidar de bien follados, para ello estaban las legiones de "putas", que antes habían sido sencillas campesinas y ahora sus hogares estaban perdidos, sus padres muertos y sus vidas rotas. Ahora bien, la población vietnamita sufría bombardeos, nalpalm y química en sus campos y aldeas. El guerrillero vietcong luchaba 365 días al año.
Hacemos un balance: 362.000 mutilados. 880.000 huérfanos 1 millón de viudas 4.250.000 muertos entre civiles, guerrilleros y soldados sudvietnamitas. 2 millones de heridos. De toda ésta gente nadie se ocupa, nadie escribe, a nadie le importa y nadie lo recuerda. Frente a todo esto hay 57.000 muertos y 300.000 heridos en el ejército norteamericano.
Hoy en día hay equipos de USA excavando la tierra, buscando los caídos, sus cuerpos desaparecidos e invirtiendo millones de dólares para recuperar huesos y rastros de los muertos. Me parece muy bien que se pretenda materializar la memoria de los que ya no están.
Toda ésta acción es una humillación, un desprecio a los sentimientos humanos. Estos equipos contratan a los mismos campesinos (como cuadrillas de trabajo) a quienes hace 20 años (o a sus hijos) bombardeó y masacró con su armamento militar. Después de haber escuchado los relatos de nuestro guía (hijo de padre militar americano y madre vietnamita) y haber sentido en mi propia piel la claustrofobia de los túneles y observar los cráteres dejados por las bombas en muchos lugares de éste hermoso país, mi pensamiento se dirigió a los miles y miles de vietnamitas que ya no están.
El último refugio que visitamos, sirvió para echarnos agua que simplemente se mezcló con el sudor que durante todo el tiempo nos hizo compañía y sobre una larga mesa nos ofrecieron un plato de tapioca para que probáramos aquel tubérculo que había sido el plato de sustento en las épocas donde había que permanecer escondido. Cu-Chi fue bombardeada con más de medio millón de toneladas de bombas, frente a los ochenta millones que se arrojaron sobre todo el país durante la guerra. Dejamos el escenario de la guerra, creo que todos muy impactados por lo visto. La carretera hacia Saigón bastante transitada, era la hora del regreso de los trabajadores, la poca velocidad del mini-bus nos permitía observar los arrozales, de cómo se desarrolla la vida en Vietnam, de los diferente tonos de verdes de ésta tupida vegetación.-

Es la materialización extrema de la capacidad del hombre para soportar el sufrimiento más extremo por un ideal, por un sueño: la libertad, la independencia.-


fer nandez r, roberto raul messi leon dijo
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19 Noviembre 2009 | 02:22 PM